Los manantiales de As Burgas no son sólo uno de los espacios más emblemáticos, queridos y visitados de la ciudad, sino que han jugado un papel fundamental en la historia de Ourense desde sus orígenes. Durante siglo aquí han convivido la curación, el ocio y el culto; ha sido el punto de encuentro del Ourense popular, origen de leyendas y supersticiones, escenario de obras literarias y marco de infinitas fotografías y postales. Sus aguas han acompañado el devenir de Ourense en el tiempo, por lo que no es casualidad que a esta se la conozca como «Ciudad de As Burgas».

EL CULTO DE AS BURGAS

Si bien sabemos que la «olla» ourensana que forman los ríos Miño, Loña y Barbaña ya estaba habitada durante la Edad de Bronce, la ciudad nace con los romanos, quienes comienzan a asentarse en la zona atraídos, en gran medida, por la presencia de manantiales de agua caliente. De hecho, el nombre de Aquis Aurienses con el que se conocía el lugar remite a una «aguas de oro», bien por el mineral depositado en la cuenca del Miño que los romanos habrían explotado, bien por el valor de los manantiales terapeúticos. El papel central que As Burgas ha jugando en la historia de la ciudad fue, no obstante, poco más que una especulación durante muchos años, debido a las falta de pruebas arqueológicas. Textos como el que en 1934 firma el historiador Florentino Cuevillas son hoy considerados visionarios, pues los diferentes hallazgos arqueológicos les han dado, finalmente, la razón.

Todo hace suponer en secuencia que el caserío que se extendía alrededor de As Burgas ostentaba un aspecto sencillo y rústico, y que su vida se nutría exclusivamente de estos tres elementos: el cultivo de algunas fincas circundantes, de la afluencia de gentes que acudían atraídas por la fama milagrosa de las fuentes termales, y del pequeño comercio que habría de realizarse con labradores y romeros [...]

Como nasceu a cidade de Ourense

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Hace referencia Cuevillas a un tránsito de gentes que en época romana vendrían desde lugares lejanos en peregrinación hacia las fuentes sanadoras, ¿en qué se basaba para hacer tal afirmación? Años atrás, en 1802, durante unas excavaciones realizadas en la llamada «Casa da Tenencia», en el área de As Burgas, se encontró una ofrenda en piedra (un ara) con una inscripción en la que se podía leer el nombre de la dedicante, Calpurnia Abana Aeboso. Aunque Calpurnia fue considerada durante muchos años como la «primera habitante» de la ciudad, el estudio del nombre apunta a que no sería de origen ourensano, sino de las inmediaciones; se trataría de una visitante que acudió a las fuentes atraída por su fama.

Las siguientes excavaciones (1995-2010) han confirmado la teoría con el descubrimiento de nuevas aras, piedras grabadas a través de cuyas inscripciones conocemos el culto al dios Revve Anabaraego. Sabemos por estos descubrimientos que As Burgas habría sido lugar sagrado ya antes de la llegada de los romanos, y que estos mantuvieron el culto, construyendo sobre el manantiales una piscina-santuario para hogar del dios, responsable (así lo creían) de los poderes salutíferos de las aguas. En el bulevar del Centro de Interpretación de As Burgas podemos visitar hoy los restos de esta construcción, fechada en el siglo I d.C.

El culto a Revve irá evolucionando y adaptándose a las deidades del panteón latino. Así, en la zona se han encontrado pruebas de culto a las ninfas -la propia Calpurnia ofreció a ellas su ara- o Venus, que aparece representada en un camafeo en pasta de vidrio azul y blanco, también del siglo I d.C.

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